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América Nuestra: Integración y Revolución

Luis Britto García*
Altercom*
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Bajo la apariencia de
cuestión ecológica, social, económica o política América Latina y el
Caribe esconden un problema de ontología. Todo ente individual o
colectivo debe superar la prueba de la constitución del Yo. Sólo desde
este centro de imputación se formulan juicios, interrogantes, proyectos,
propósitos autónomos. |
24 de enero de 2008

Ese ser es, simultáneamente, un sujeto revolucionario. América
Nuestra ha sido sucesivamente el otro, el siervo, el esclavo, el
proletario, el informal, el excluido del mundo. Desde el comienzo de la
Época Moderna, sus clases dominantes son apéndices de poderes foráneos;
su dominación, articulación de hegemonías extracontinentales. Nuestra
emancipación es ruptura de vínculos de alienación y explotación con la
otredad; nuestra unidad, condición para quebrantarlos. Porque sufrimos
un pasado, tenemos derecho a un destino. Porque el mundo contemporáneo
no existiría sin los aportes de Nuestra América, es tiempo de que el
mundo contemporáneo deje existir la América Nuestra. Todo ayer que no
trascienda en proyecto ha sido vivido en vano. Todo proyecto que no
inicia un acto no vale la pena de ser enunciado.
Nuestra historia intelectual es el proceso de construcción de esta conciencia.
Sólo desde tal punto de partida se trazan metas y derroteros
científicos, humanísticos, estéticos. Sólo desde su perspectiva empiezan
a pertenecernos los signos que antes nos encadenaban. Cursar en vano
senderos de disociación y división que nos extraviaron en vericuetos sin
salida fue el requisito para emprender el camino real de la unidad y la
integración. Apurar el cáliz de la fragmentación suicida fue la vía
para recomponer el vaso de la integridad.
Tenemos el atroz privilegio de contemplar a Occidente a la vez como
partes y como víctimas: ello nos abre la posibilidad de buscarle una
alternativa que conserve sus herencias vitales y renueve las muertas.
Somos el Asia y el África y Europa y los ilimitados océanos: porque
resumimos todas las visiones del planeta podemos elegir la nuestra. Si
la letra con sangre entra, no hay alfabeto que no hayamos deletreado
mediante la cartilla de la herida ni gramática que no hayamos asimilado
por la pedagogía de la opresión. No hay elemento de nuestro yo que no
duela con el latido de la privación o de la pérdida: es por eso
imposible esconderlo más bajo el umbral de la conciencia.
Tenemos derecho a ese ser desde el momento en que lo buscamos.
Demostramos su existencia en nuestros patéticos intentos por negarlo. Si
no hemos aprendido a la perfección los gestos de los dominadores, ello
prueba nuestra resistencia. Si deambulamos en nuestro laberinto, es
porque comprendemos que la única salida está en su centro. El repertorio
de planes fallidos demuestra la existencia de un proyecto, que por su
persistencia y pluralidad de formas y de tentativas se constituye en
propósito.
Conocernos con las herramientas de otros fue desconocernos. La
brújula del opresor fue nuestro extravío. Es por nuestra ceguedad que
todas las calles nos han resultado ciegas. La tarea de ordenar ese ser
plural que comprende realidades inanimadas, animadas e imaginarias es el
proceso de construcción de la plenitud. Investigación, invención,
educación, comunicación son sus herramientas. Mientras no la
encontremos, seremos voces errantes, partes incompletas, intentando
complementar totalidades ajenas o fusionarnos con lo que despectivamente
nos rechaza o destruye.
PORQUE FUIMOS:
Los descubiertos. Los conquistados. Los catequizados. Los reducidos.
Los saqueados. Los expoliados. Los amarrados. Los encadenados. Los
bozaleados. Los humillados. Los ofendidos. Los atormentados. Los
abaleados. Los azotados. Los despellejados. Los exorcizados.
Los quemados. Los empalados. Los crucificados. Los descuartizados.
Los bestializados. Los reducidos. Los repartidos. Los encomendados. Los
desalojados. Los descastados. Los vejados. Los vencidos. Los
contagiados. Los diezmados. Los exterminados. Los oprimidos. Los
profanados. Los vendidos. Los comprados. Los alquilados.
Los esclavizados. Los explotados. Los prostituidos. Los contagiados. Los proscritos.
Los censurados. Los expulsados. Los desalojados. Los silenciados. Los enceguecidos.
Los enmudecidos. Los encadenados. Los refutados. Los amaestrados. Los
adoctrinados. Los amansados. Los espiados. Los burlados. Los regañados.
Los engañados. Los latinizados. Los lusitanizados. Los ladinizados. Los
bautizados. Los colonizados. Los sacrificados. Los olvidados.
SOMOS:
Los balcanizados. Los confundidos. Los mestizados. Los hibridados. Los discriminados. Los execrados. Los ignorados.
Los adoloridos. Los encerrados. Los excluidos. Los desmemoriados. Los desechados.
Los hambreados. Los recién vestidos. Los explotados. Los saqueados. Los intervenidos.
Los bombardeados. Los bloqueados. Los ilegalizados. Los picaneados. Los espiados. Los fichados. Los derrocados. Los procesados.
Los condenados. Los execrados. Los vetados.
Los embargados. Los bloqueados. Los ocupados. Los reclutados. Los desaparecidos.
Los exiliados. Los emigrados. Los maleducados. Los traficados. Los
postergados. Los transculturados. Los confundidos. Los aculturados. Los
manipulados. Los defraudados.
Los tiranizados. Los fichados. Los prontuariados. Los intervenidos.
Los acallados. Los desordenados. Los atrasados. Los contaminados. Los
alienados.
Los mimetizados. Los mediatizados. Los ilustrados. Los modernizados. Los
contrainformados. Los subdesarrollados. Los panamericanizados. Los
afrancesados. Los britanizados. Los yankizados. Los endeudados. Los
postmodernizados. Los hipotecados. Los traicionados. Los martirizados.
Los invadidos. Los marginalizados. Los escarmentados. Los airados. Los
igualados.
Los insurgidos. Los sublevados.
Los alzados. Los amotinados. Los organizados. Los armados. Los amados. Los lúcidos.
Los irreductibles. Los hermanos.
SEREMOS:
Lo que nos propongamos.
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Luis Britto García
Escritor venezolano, dramaturgo, historiador, profesor universitario.
Altercom
Agencia de Prensa de Ecuador. Comunicación para la Libertad.
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