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Los pretextos no faltan: el choque de civilizaciones, la lucha antiterrorista, el «eje del mal»...

El «Señor de la Guerra»

Altercom*
Juan Carcelén*
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Albert Einstein al llenar un formato de inmigración, se topó con el casillero «RAZA»; haciendo gala de su ingenio contestó: “HUMANA”.
Los constantes episodios protagonizados por ciertos
ejemplares bípedos que se creen humanos, alcanzan niveles de macabro
surrealismo que avergüenzan hasta los tuétanos. Sin embargo, la
cotidianidad ha limado las espinas que roían la conciencia, y hasta la
prensa los relega a «cortos» de la crónica roja. |
2 de octubre de 2007
Vivimos ahogados en nuestras
inmediateces o alienados por banalidades mundanas que nos mantienen en
la más cómoda de las indolencias. Pero al virar cualquier esquina nos
espera la bofetada de hechos y episodios que nos despierta a realidades
superiores a nuestra mediocre intrascendencia.
Pasan desapercibidos noticias y
reportajes espantosos sobre lo que esta santa y jamás bien ponderada
civilización occidental judeo-cristiana, por siglos ha cometido contra
todo un continente, con una dedicación sádica en la que se ha empozado
el odio de dios contra su pobre gente.
No está lejana la masacre de un millón
de tutsis en Rwanda ante la mirada impasible e hipócrita de la ONU, ni
la reciente en Darfur con medio millón de víctimas, sin olvidar las de
Monrovia, Sierra Leona, Mozambique, Nigeria, Somalia o …, es difícil
excluir algún país del mapa atormentado de África.
Ahora la mira apunta al Medio Oriente. Los pretextos no faltan: el choque de civilizaciones, la lucha antiterrorista, el «eje del mal», tienen ninguna o relativa validez, pero atrás está el aliciente irresistible para los buitres dueños de todo.
Son los malditos negocios del petróleo y
de las armas, padre y madre de esta pandemia, cuyas fabulosas
utilidades están en proporción directa de las decenas de millones de
cadáveres que se acumulan como lastre desechable en los pasivos
empresariales.
Con singular crudeza, la película «Lord of war»
(Nicolas Cage) pinta el cinismo y el imbatible poder que mueve la
producción y tráfico de armas. Al final, la impunidad impera, porque los
«ilegales» son apenas un apéndice de lo que se considera oficial.
Mr. Bush da el nombre al film, aunque sólo se lo menciona al final.
La impavidez convalida el estigma que sentenció Gallegos Lara: “No podemos ser dichosos sin ser canallas”, rescatada en el poema «La paz» de Euler Granda.
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Altercom Agencia de Prensa de Ecuador. Comunicación para la Libertad.
Juan Carcelén Ingeniero ecuatoriano y articulista de opinión, especialista en temas ambientales.
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